domingo, 6 de mayo de 2012

Capítulo 38


Esta noche, por una repentina decisión de Mariam, se han quedado todas a dormir en mi habitación. Luz y ella están dormidas como troncos, incluso roncan un poco, pero Stefania y yo no hemos conseguido pegar ojo. Hemos intentado hablar un rato para tranquilizarnos, pero de alguna forma, siempre acabamos hablando del viaje al futuro y poniéndonos aún más nerviosas.
Ahora, después de discutir con la rumana, he conseguido que me deje dibujarla. Centrarme en el papel me ayuda a evadirme, pero ella, sentada en una silla sin moverse, no puede evitar darle vueltas a la cabeza.
La diosa del sueño insistía en que todos debíamos dormir bien, pero creo que es la única tranquila. Cuando fui al baño, sobre las once de la noche, aún se escuchaban voces en la habitación de los chicos. Espero que tanto movimiento no haga sospechar a los mayores de que el viaje de mañana no será simplemente una excursión.
De pronto, Luz, que está compartiendo la cama conmigo, da una vuelta en la cama y golpea la vela que encendí para poder ver lo que dibujaba. Suelta un chillido y se pone en pie de un salto, casi llorando.
-     ¿Qué hacéis, psicópatas? ¿Queríais quemarme viva? –se lame la mano herida como un gatito.
-     ¿Por qué gritáis a estas horas? ¿No os he dicho que durmieseis?
La que faltaba. Como si no hubiese suficiente tensión en el ambiente, se despierta Mariam enfadada. Aunque estaba durmiendo, ella también está nerviosa por el viaje, y es capaz de hacer que nos pongamos a ensayar la forma de hablar a las doce y media de la noche.
Para suerte nuestra, se da la vuelta en el lío de mantas en el que se acostó y no tarda en volver a dormirse. Luz tampoco aguanta mucho rato despierta. Y mi modelo de dibujo, de pronto relajada, se duerme también.

-     Andrea, Andrea, Andrea, Andrea, Andrea, Andrea… ¡¡¡¡Andrea!!!!
-     Ay, ¿Qué pasa?
Me despiertan los gritos de Martina e Isaac, que están a mi lado. No recuerdo cuándo me dormí anoche, pero por mi dolor de cabeza, deduzco que fue bastante tarde.
-     Mariam y Samuel están histéricos. Yo que tú, no les haría esperar mucho más –me dice la chica.
Me levanto y les pido que salgan de la habitación para cambiarme de ropa. Ayer acordamos que iríamos vestidos de “personas normales” hasta que llegásemos a una zona tranquila del pueblo donde poder ponernos la “ropa del futuro”. Ahora escojo un vestido sencillo azul, con dibujos de flores, me calzo mis zapatillas de siempre y voy al baño para asearme un poco.
Abajo, cuando termino de lavarme, encuentro a todos reunidos alrededor de la mesa de la cocina. Stefania y Samuel, nerviosos, ojean los libros que tantas veces repasaron ayer.  Luz está tragando tostadas como si no hubiese mañana. Y, por algún motivo que no llegaré a comprender nunca, Alejandro, Isaac y Martina están subidos en las sillas cantando “Una Chica Yeyé”. Es un espectáculo digno de ver.
-     No te quieres enterar, yeyé… ¡Anda, Andrea! Buenos días –me saluda el primero, interrumpiendo la canción.
-     ¡Menos mal! Si paso diez minutos más escuchando a Álex cantar trozos sueltos de la canción (a Martina e Isaac no los escucho), me habría explotado la cabeza. Come algo, coge tus cosas y vámonos.
Saludo y obedezco a Mariam. A los cantantes les ha dado igual el comentario de la chica y han empezado a imitar a Raphael. Eso, sumado al movimiento continuo de páginas de Stefania y Samuel, y al ir y venir de Kira, que parece igual de nerviosa que nosotros, es bastante estresante.
      No tardamos en coger el tren que nos llevará a nuestro antiguo pueblo, y posiblemente, a descubrir cosas de lo más importantes en esta guerra. Este viaje decidirá el futuro de muchas personas, incluido el nuestro. Por eso, cuando llegamos al pueblo, nos cambiamos de ropa y esperamos a que Alejandro nos lleve al futuro, no puedo evitar dedicar una oración a ese Dios inexistente en el que siempre he creído.
A partir de ahora, sin Ángeles y el resto de adultos, estaremos completamente solos en un mundo desconocido. Por intentar lograr algo de ayuda divina no se pierde nada.
Esto es lo último que pienso antes de aterrizar en una chopera parecida a la que habíamos elegido para realizar el viaje.

--------Nota de Sofía---------
Aquí tenéis el último capítulo de la primera parte de Crónicas de la Pastelera ¿Qué os ha parecido? Abriré una encuesta a la derecha de la entrada, como siempre. 
Al final he decidido que cogeré esta semana de vacaciones, antes de empezar con la segunda parte, a la que he llamado "Que nunca pase el tiempo" 
La publicaré en este mismo blog, con los mismos horarios que hemos tenido hasta ahora (aunque supongo que mi puntualidad seguirá odiándome).
Nada, nos vemos el próximo martes, espero que hayáis disfrutado el capítulo ^^

Capítulo 37


     El resto ya han acabado con sus preparativos. Tenemos ropa lo más futurista posible, aunque tampoco es nada del otro mundo: pantalones vaqueros y camisas blancas para todos. Parece que llevamos un uniforme.
Los de la biblioteca se han dado cuenta de que el primer libro, el de nuestra época, es del futuro. No pasarán muchos años hasta que se publique, pero aún no se ha hecho. Al parecer, hubo cierta confusión con las fechas.
      Están todos reunidos en la biblioteca, donde hablan de una forma muy extraña:
-     ¿Qué pasa, tronco? –saluda Samuel a Álex cuando entramos.
-     ¡Hey, Luz, pásame un canuto! –grita Mariam.
-     ¿Qué estáis haciendo? ¿Qué es un canuto? –pregunto yo
-     Míralos, que “pasmaos”. No han “pillao” nada.
Stefania, que se ha compadecido de nuestras caras de sorpresa, se acerca y nos explica el motivo de esas expresiones tan extrañas:
-     Nosotros somos ensayando como hablan en futuro. Creo que canuto es algo como cigarro, pero Mariam decir que es pañuelo.
Los dos reímos y nos sentamos junto al resto de gente. Intento aprender sus expresiones extrañas, pero creo que no pediré “canutos” a nadie, por si acaso. Nos conseguimos integrar en una conversación sobre grafitis, que son unas pintadas que hace la gente por las calles. Al parecer son ilegales, pero están muy de moda entre los jóvenes.
Mariam y Luz hacen como sí ellas fuesen “grafiteras”:
-     ¿Viste el grafiti tan “rechulón” que hice el otro día en la boca del metro? –le dice la diosa del sueño.
-     Quería ir a ayudarte… huy, quería decir “a echarte un cable”, pero mi espray no “furulaba” y mi vieja no me dio pasta para otro –contesta la diosa del viento.
-     Pues a mí no gustar nada los grafitis, o sea, -Stefania hará de niña pija- estropean la esteti… estec… ¡estética! –consigue decir la palabra con mucho esfuerzo- de nuestras preciosas ciudades.
-     No vinisteis a ver nuestro espectáculo de break dance el otro día, sois la peste. Fue una pasada, pillamos un montón de pasta –Álex y Samuel serán bailarines de esa cosa extraña que antes dijo el primero. Por lo visto, hacen piruetas y giran sobre sus cabezas.
-     ¡Yo si fui! Pero claro, como nadie me hace caso…
En los libros que han leído sobre el futuro, siempre hay algún marginado en los grupos de amigos, al que llaman “forever alone”. Ese es mi papel, aunque no me gusta mucho.
Así pasamos hasta una hora antes de la cena, ensayando nuestros respectivos papeles. Cuando nos cansamos, decidimos subir a las habitaciones a probar la ropa que compraron Mariam y Luz. En el futuro colocan las cosas de una forma muy rara, según vemos en las imágenes, y nos cuesta un montón imitarlo.
De las chicas, la primera en acabar de vestirse es Mariam. Sale de mi habitación, que es donde nos cambiamos las chicas, y todas la miramos con los ojos desencajados. Le ha quedado muy bien, pero cualquiera que la vea así en esta época…
Lleva el pantalón caído, dejando ver el borde de su ropa interior. En la cabeza se ha puesto una gorra negra de medio lado, y lleva la camisa demasiado desabrochada. Es un escándalo, espero que los mayores no la vean así.
-     ¿Te he traumatizado, Andrea? –me pregunta, sonriente- ¿Me ha quedado realista?
-     Sí, un montón. Ahora, quítate eso antes de que te vea Ángeles y nos mate a todos –incluso Luz, con su carácter despreocupado, se ha asustado al ver a Mariam así.
-     Vale, vale…
La parte de la diosa del sueño es la más impactante de todas. Cuando nos toca vestirnos a Stefania y a mí, simplemente nos ponemos el pantalón y la camisa, yo un poco remangada, y ella más formal.
Luz va un poco más llamativa, con la camisa puesta de tal forma que se le ve el ombligo, pero ella es más pequeña que nosotras.
Los chicos se niegan a enseñarnos sus disfraces, dicen que mañana los veremos. Pero mañana sería mejor que no me diesen más sustos de los necesarios. Bastante tengo ya con meterme en una guerra en una época desconocida. Por más ilusionados que estén todos, no debemos olvidar que nuestro objetivo es salvar la vida de nuestra gente y vengar las muertes de los que no pudimos salvar. La cosa se pone seria.

-----------Nota de Sofía------------
Ya se está acabando la primera parte de la historia! Pronto, no sé si el martes (¿me cojo vacaciones?), empezará la segunda. Ya daré más detalles en el capítulo de esta tarde, que será el último.

martes, 1 de mayo de 2012

Capítulo 36


De pronto, lo dos nos damos cuenta de la situación tan bochornosa en la que nos encontramos y nos separamos de golpe. Álex está completamente ruborizado e imagino que yo también lo estoy.
-     Pe… Perdona. Ha sido un ataque de nervios –me dice
-     No pasa nada.
Sin decir nada más, el chico salta los restos de lo que antes era el muro de nuestro jardín y echa a andar en dirección al camino. Le sigo corriendo, me da miedo quedarme sola en una época que no conozco, pero no me siento capaz de ponerme a hacer preguntas.
A pesar de que no parece haber pasado mucho tiempo, Sevilla ha crecido un montón y ya solo queda a cinco minutos de lo que en mi época era Casa Cronos. Alejandro mira la ciudad con cara de asco, como quien mira a una fruta podrida.
La verdad es que lo que vemos no se merece mucho más. Desde nuestra época, a parte de crecer, la ciudad ha sufrido muchos más cambios. Hay edificios altísimos de hormigón, los coches circulan por todas partes y de las tiendas salen músicas de lo más estruendosas. Todo está muy cambiado ¿En qué año estaremos?
-     Dos mil doce –contesta mi acompañante como si me hubiese leído la mente-  Solo han pasado cincuenta y tantos años y mira lo que hemos hecho con el planeta –señala al cielo, que está cubierto de humo.
-     Han sido los coches, hay muchos más que en nuestra época y son mucho más grandes.
Culpo a los coches, pero en realidad todo esto lo hemos hecho los humanos. Suena demasiado terrible decirlo así, prefiero decir que han sido esos objetos inanimados que ruedan por las calles.
-     ¿Es necesario que nos quedemos muchos más rato aquí? Está todo muy sucio –le digo a Alejandro cuando ya llevamos un rato parados.
-     Pensaba quedarme un rato e invitarte a un café por las molestias, pero me da asco. ¿Te importa?
-     Que va, que va, si yo prefiero irme.
Caminamos de regreso a las ruinas de Casa Cronos en silencio, ya no por la vergüenza, si no por la impresión que nos ha causado a los dos ver lo que será el mundo dentro de poco. Desde dos mil cinco, la época que visitaremos en busca de la escritora, han pasado siete años. Aun así, no me hará ninguna gracia volver a viajar al futuro.
-Siento haberte traído a un sitio tan feo. Nunca había venido aquí, ni siquiera con mi padre.
- Si no nos matan los Hirsizlar, nos tocará vivir esta época. No es culpa tuya que haya visto este lugar.
   Nuestra felicidad se ha desvanecido completamente, y no la recuperamos hasta que volvemos a nuestra época. Caemos en el jardín, que está mucho mejor cuidado que en dos mil doce. Allí está Isaac, tumbado en el aire y mirándonos extrañado.
-     ¿De dónde salís vosotros dos? ¿Escapada temporal romántica?
-     ¡Eh!
Me estoy preparando para tirarle una piedra, otra vez roja de vergüenza, cuando Alejandro se echa a reír mientras rueda por el césped. El chico fantasma le observa asustado, pensando que se ha vuelto loco, pero yo comprendo lo que siente. Es una alegría volver a nuestra época, que aún se conserva limpia y llena de campos. Yo también me pongo a rodar por el suelo, contagiada de pronto por la energía del dios del tiempo.
-     ¿Qué os ha dado a los dos?
-     ¡Cómo echaba esto de menos! Y mira que solo hemos estado quince minutos… Es un mal sitio para una escapada romántica, Isaac, te lo aseguro –para de pronto de rodar, provocando que me choque contra él.
-     Está todo muy sucio y hay coches por todas partes
Me pongo de pie y sacudo mi vestido, que está lleno de briznas de hierba. Pienso en hacerme la enferma mañana para no tener que volver al futuro, pero rechazo inmediatamente esa idea.
Soy demasiado buena persona para dejar solo a Alejandro en un lugar así. A fin de cuentas, yo soy la única que ha estado antes.
-     Ya me contarás los detalles, te veo muy emocionada –me dice Isaac mentalmente.
-     Eso si no te mato antes –le contesto riendo- Sí, te habrán matado dos veces.
-     Oh, si no me lo quieres decir es que algo ha pasado.
Dicho esto, el chico fantasma se va levitando mientras me saca la lengua. Corro detrás de él, dejando a mis espaldas a Álex, que por algún motivo, nos mira con cara de pena.

-----------Nota de Sofía--------
Un capítulo cortito, lo sé, pero ya queda poco para que acabe la primera parte de la historia y estos últimos son para alargarla un poco más. Así, también me dejo unas cuantas cosas pendientes para la segunda parte.
Sí, me habéis pillado, lo hago en varias partes porque queda más profesional y me hace sentir poderosa xD
Espero que os haya gustado.

domingo, 29 de abril de 2012

Capítulo 35


Pasa el resto del día entre idas y venidas de Mariam y Luz a la ciudad para compra “provisiones”. La pequeña se lo ha tomado más bien como una excursión y ha estado preparando bocadillos y mantas para poner la comida si paramos en el campo. También ha comprado una pelota para jugar. En cambio, la diosa del sueño ha preparado fotos de Ángeles, Jean, mi madre y otros dioses y las ha puesto en un álbum.
Los mayores nos miraban extrañados por tanta actividad, pero no han intervenido. De hecho, se les veía bastante contentos con la idea de nuestro repentino viaje. Dicen que así estarán más tranquilos para ver cómo organizarán la casa cuando la familia de Luz vuelva a Barcelona.
Ese tema también ha costado una pelea, porque la chica no quería irse, pero al final Mariam se ha puesto tan pesada que la van a dejar quedarse un mes más. Lo que no saben esos pobres padres es que no vamos a aguantar un mes más en Casa Cronos, no con el nerviosismo constante de la diosa del sueño.
Al contrario que las otras chicas, Stefania y Martina se han pasado el día encerradas con Samuel e Isaac en la biblioteca estudiando otros libros del futuro. Dicen que tenemos que adaptarnos a la forma de hablar y vestir de esa gente para no llamar la atención, pero por las imágenes que he visto en los volúmenes, las chicas del futuro se ponen unos vestidos demasiado provocativos. Aunque me duela, le he pedido a Mariam que me compre un pantalón vaquero.
Los únicos que estamos parados somos Álex y yo, que llevamos toda la tarde jugando al ajedrez sentado en el suelo del jardín. Ya van tres partidas seguidas que he ganado y él se está poniendo nervioso:
-     ¿No se te ocurre nada en lo que podamos ayudar? –me pregunta por enésima vez.
-     Sabes que no nos han dejado entrar en la biblioteca. Dicen que tú los pones nerviosos y que yo leo demasiado despacio… y no creo que estés dispuesto a aguantar una tarde de tiendas con Mariam y Luz.
-     Pues no, las peleas de Mariam con los dependientes de las tiendas por entrar a las secciones masculinas son insoportables –pone los ojos en blanco y se tumba en el suelo, abandonando la partida-. Me pone muy nervioso no poder hacer nada mientras los demás están tan entretenidos. Nos tratan como si fuésemos unos inútiles.
-     ¿Tú no sabes nada del futuro que pueda ayudarles? Expresiones, costumbres…
-     Bah, esa época es terrible. Todo coches, humo y niñas con minifaldas. No creo que te guste, al menos como diosa de la Tierra. El planeta estará hecho un asco. Además, ni siquiera estoy seguro de que vayamos a poder hacer el viaje.
Se calla y sigue mirando al cielo, como si esperase que ocurriese algo allí arriba. Sus últimas palabras me han dejado intrigada, le pregunto por qué no está seguro.
-     Se puede llevar gente en un viaje temporal, pero yo nunca lo he hecho –me confiesa-. Siempre viajo solo. Me da miedo que se queden trozos vuestros perdidos entre épocas.
-     Pero… ¿eso puede ocurrir? –digo asustada.
-     No lo sé, nunca he visto a nadie transportar tantísima masa. Mi padre nunca llevó a más de tres personas  a la vez, que yo sepa –suspira-. Y yo no quiero que os pase nada.
Me conmueve lo preocupado que parece el chico y tomo la determinación de ayudarle. De todas formas, tarde o temprano, iba a correr el riesgo de hacer un viaje en el tiempo ¿Qué más da ser el conejillo de indias?
-     Oye, ¿por qué no pruebas a llevarme a mí? Solo soy una y no creo que pese tanto… Venga, así te quedas tranquilo.
Se sienta con cara de susto, tirando el tablero de ajedrez. Recojo las fichas haciendo como si estuviese tranquila aunque, en realidad, estoy muerta de miedo.
-     ¿Y si te pasa algo?
-     Voy a correr ese mismo riesgo mañana, así que da igual. Además, si practicas conmigo solo yo corro el riesgo, no los demás.
-     Andrea…
-     Ay, venga, si a mí no me importa –le dedico una sonrisa tranquilizadora.
-     Si te pasa algo, no te lo voy a perdonar nunca –dice mirando para otro lado-. Agárrate a mi brazo.
Obedezco, intentando convencerme a mí misma de que estoy haciendo una buena obra al ayudar al chico a practicar. Así él se queda tranquilo y los demás no corren tanto peligro mañana.
-     Sujétate fuerte –dice. Y de pronto todo comienza a dar vueltas a nuestro alrededor, como si nos hubiesen metido en una lavadora.
Solo veo rayas de colores durante un rato, pero después empiezo a distinguir los distintos elementos de un jardín bastante estropeado. Me levanto y reparo en que Álex está a mi lado. Está vivo, pero aún algo conmocionado. Decido hacerle una broma y me escondo detrás de un seto.
Poco después, el chico empieza a mirar a su alrededor, buscándome. Da vueltas sobre sí mismo mientras yo me río detrás del arbusto.
-     ¡Andrea! ¡Andrea, dónde narices estás!
Al no recibir respuesta, Alejandro se asusta y cae de rodillas en el suelo. Empieza a murmurar algo muy rápido, no entiendo lo que dice, pero al ver que va a llorar salgo de mi escondite y me acerco a él.
-     Álex, Álex, tranquilo, que solo era una broma…
Se levanta y se acerca a mí con las mejillas bañadas en lágrimas. Sin que yo me lo espere, me abraza y continúa con su llanto.
-     ¿Tú eres tonta? ¿Te das cuenta del susto que me has dado? Si llega a pasarte algo… yo… yo…
Las lágrimas le impiden continuar, pero aunque no sé lo que me quería, correspondo a su abrazo emocionada. Yo tampoco sé lo que habría hecho si a él le hubiese pasado algo.

------------Nota de Sofía-------------
¡Perdonad por el nuevo retraso, pero es que estoy tonta! ¿Recordáis que dije que no podía subir entradas? Me había equivocado de correo electrónico xD Tengo otro muy parecido al que uso en blogger, y al tener el mismo nombre e los dos no me di cuenta al comentar en otros blogs. 
Se me ocurrió que podía ser esto al levantarme, así que no he podido subir el cap hasta ahora. Espero que me perdonéis.
Tengo un dibujo de no se qué capítulo por ahí, pero la cámara de fotos está cargando. Cuando termine, lo subiré.
Vuelvo a pedir disculpas.

martes, 24 de abril de 2012

Capítulo 34


Samuel no nos deja tiempo para preguntar qué es lo que sabe dónde está. Agarra a su hermana por un brazo y sale corriendo hacia el interior de la casa mientras grita que le sigamos. Es extraño ver cómo el chico calmado de siempre ha perdido así los nervios. Tiene que haber ocurrido algo verdaderamente importante.
Corremos todos juntos hasta llegar a la biblioteca, donde está Stefania rodeada de enciclopedias en castellano, turco y rumano y lanzando bolas de papel hacia atrás. Está muy concentrada, tanto que no se fija en nosotros aunque estamos montando un buen jaleo.
-     ¡Stefania! ¡Eh, Stefania! No me ignores… ¿Dónde has puesto el libro de historia de la literatura?
-     No recordar. Hay muchos aquí, creo que lo dejar encima del sofá.
Samuel empieza a revolver los libros que hay tirados por encima del sofá, sin contestar a nuestras preguntas. A estas alturas ya he deducido que han descubierto algo sobre la misteriosa autora de la novela de ayer, pero, ¿qué han descubierto tan importante?
-     ¡Aquí está! Mierda, se ha manchado de café… Bueno, da igual –el dios del sueño se acerca a nosotros y nos enseña una página del libro.
El volumen no debe tener muchos años, está en buen estado y las páginas se ven limpias (sin contar la mancha de café, que es bastante reciente). En el centro de la que nos enseña Samuel, rodeada de letras, hay una fotografía de una muchacha de unos veinticinco años años. Aunque la foto no tiene color, se nota que su pelo y sus ojos son de un color oscuro, al igual que su ropa. Lleva pantalones, cosa que me recuerda a Mariam y me sigue resultando extraña en una chica. Lleva el pelo algo más corto que esta y parece muy feliz. Entre sus manos sujeta un libro: Guerra contra la vecina pesada.
-     Esta, chicos, es nuestra querida autora actualmente –nos explica Samuel-. Esta foto es de hace poco, de cuando le publicaron su primer libro. Aquí no hay mucha información, pero  hay un par de datos interesantes –hace una pausa.
-     ¡Deja ya de hacerte el misterioso! –le reprende Álex
-     Vale, vale, tranquilo… Lo primero es que si le publicaron el primer libro con dieciocho años y el último que conocemos en 2005, con 70, es que por esa fecha no le quedará mucho tiempo de vida –todos lo miramos asustados. No sabemos donde localizarla en otra época, y no seria muy correcto preguntar cosas sobre antiguas guerras a una moribunda-. Pero, hemos encontrado la forma perfecta de ir sin que la abuela se entere.
-     Por intentarlo… -dice Isaac, que parece más motivado que nunca.
-     Ella vivirá en el un pueblo cercano al nuestro. Poder ir con excusa de revisar las obras de Casa Morfeo –explica la rumana.
-     Pero… ¿en el libro pone su dirección completa? –pregunto yo, extrañada.
Stefania y Samuel se miran con cara de susto. Parece que no se habían dado cuenta de este “pequeño” detalle. Sin decir nada, se ponen los dos juntos a mirar el libro del futuro de arriba abajo, pero no tardan en levantar las miradas y negar con la cabeza. Estamos de nuevo en un punto muerto.
-Si es un pueblo pequeño, a lo mejor aún podéis hacer algo –interviene Martina-. En los pueblos pequeños todo el mundo se conoce, podríais preguntar.
- La gente del futuro es muy cerrada, parece que lo has olvidado –le responde su hermano-. No querrán decirnos nada para que no molestemos a la “estrella”.
- Oh, vamos, ¿qué perdemos por intentarlo? –dice Luz, ilusionada.
-Al menos deberíamos acabar con los entrenamientos de Andrea… O no –comenta Mariam para sí misma-. No, no acabaremos. Iremos mañana mismo.
El plan de la chica me asusta, yo no quiero ir a enfrentarme con nadie sin manejar mi poder. Al ver que me estoy poniendo blanca y que el resto empiezan a quejarse, la chica nos pide que la dejemos hablar.
-    Eh, que no he terminado. Recordad que no vamos a pelear, sino a hablar con una vieja. No necesitará para eso ningún poder especial. Queráis o no queráis, vamos a ir mañana. A Álex no le importa llevarnos, ¿verdad?
No me hace falta mirar al chico para saber qué va a contestar. Él también tiene sed de venganza e intentará contribuir todo lo que pueda.  Si pretendo que alguien apoye la idea de que debo entrenar más antes de meterme en líos, no puedo esperar que sea él. No después de ver lo que le ha ocurrido a su hermana.

---------------Nota de Sofía----------
Disculpad que tanto la nota como el capítulo sean tan cortos, últimamente mi talento literario no me habla *-*

martes, 17 de abril de 2012

Capítulo 33

Nos acercamos al claro en el que estaban los leñadores. Estos siguen aquí, pero están tumbados todos en un rincón, como ramas peligrosamente cerca de los ojos.
Es una imagen impactante, tanto por esas personas obligadas a dormir como por los árboles a los que han quitado la vida. Hay un montón de troncos en el extremo opuesto del claro y todo está lleno de tocones.
Mariam se sienta dispuesta a empezar y se cruje los nudillos. Pide al resto de los chicos que se coloquen a su lado, la escena tiene cierto parecido con un juicio.
La chica comienza a hablar:
-     ¿Has visto cómo han dejado esto? Está hecho un asco. No solo han arrasado con la naturaleza de la zona, sino que han dejado botellas de cerveza por todas partes –no me había dado cuenta de ese detalle, pero es verdad que hay varias botellas-. Piensa en lo que puede hacer ese vidrio si le da un rayo de sol. Lo reflejará y quemará todo esto… incluidos los animalillos que antes correteaban por aquí.
La chica para de hablar y todos me observan, pero no ocurre nada. Puede que la escena me entristezca un poco, pero no toca tanto mi fibra sensible como que se metan con mi familia.
-     Ay, Mariam, sirves para escritora de novelas de miedo, pero no para dramas. Déjame esto a mí –Luz ocupa el tocón sobre el que estaba su hermana, que se ha apartado.
-     Cómo no lo consigas tú tampoco, me reiré –amenaza.
La pequeña asiente sin hacer mucho caso a  la diosa del sueño y se dispone a hablar conmigo, pero piensa algo y vuelve a dirigirse a la chica:
-     Vale, pero si lo consigo, me sustituirás en la semana que me toca repetir con Stefania –ríe.
-     ¡Eh! Eso es demasiado… pero acepto. No lo vas a conseguir…
Luz, muy segura de sí misma, me mira y me dice que me tumbe en el suelo. Me parece una orden bastante extraña, pero acepto y obedezco.
-     Bien, cierra los ojos –lo hago.
La chica se ha callado y la oigo alejarse y susurrar algo a los demás. Empiezan a oírse golpes de objetos metálicos por todas partes, y todos gritan y caen al suelo. Me levanto asustada, esperando encontrarme con un ataque sorpresa de los Hirsizlar y tener que salir corriendo sin poder hacer nada, pero todos están bien y se ríen.
-     ¿Te has asustado? –me pregunta Luz. Contesto enfadada que sí- Es normal. Así es cómo creo yo que se siente un árbol cuando todos sus compañeros caen a su alrededor y él no puede hacer nada para evitarlo. Solo pueden esperar un destino igual de triste ¿Recuerdas cuando de pequeña hacías alguna trastada con tu hermano? Le pegaban a él y tú solo podías esperar a que llegase tu turno. Seguro que llorabas y lo pasabas mal. Piénsalo. Recuérdalo. Siéntelo. Imagina que eres uno de esos árboles que han talado.
Y, tal y como esperaba la pequeña, el recordar a mi familia ha vuelto a afectarme mucho y siento ganas de llorar, tal y como la otra vez sentía ira. Esta vez, en lugar de dejarme llevar por mis sentimientos, me esfuerzo en concentrar esa fuerza en mis manos, que tengo muy apretadas entre sí. Cierro los ojos y siento cómo la energía pasa a través de mí. Es una sensación espectacular, como cuando te duelen muchos los pies y te quitas los zapatos, como cuando hace mucho calor en la cocina y entra una ráfaga de aire fresco por la ventana.
Caigo al suelo, sin fuerzas pero consciente, y abro los ojos. Allí, en el lugar en el que había tantísimos tocones, lo que ahora hay son árboles. Muchísimos chopos crecen entre nosotros y mis amigos me miran fascinada.
-    ¡Ja! Que luego diga Álex de sus poderes del tiempo. Esto sí que es bonito –ríe Isaac, que se ha colocado a mi lado y hace como si acariciase una de mis creaciones-. Ahora solo tienes que aprender a controlarte, ya que has conseguido no desmayarte.
-     ¿Voy a tener que pasar dos semanas con Stefania? Ay, no ¿Alguien tiene una seta venenosa a mano? Saca una, Andrea –miro a Mariam, que se ha sentado con cara de horror en frente de mí.      
-     Estás hecha toda una artista, son muy resistentes –me felicita Álex, que se ha subido a uno en un tiempo record.
-     Que buena maestra soy –Luz parece contentísima-. Vamos a completar la maravillosa creación de Andrea.
Empieza a hacer unas cosas muy raras con los dedos, moviéndolos lentamente como si estuviese haciendo figuritas con una cuerda. De pronto, se levanta una brisa fresca muy agradable.
-     Esto es alucinante, parece un cuento se hadas –Martina mira con adoración los árboles-. Solo recuerdo cosas así de cuando papá nos llevó a la Edad Media ¿Te acuerdas, Álex?
-     ¿Cómo no voy a acordarme? Me reí un montón cuando aquella señora te echó por encima el cubo lleno de…
-     Anda, dejaos de batallitas. Que alguien me ayude a levantar a Andrea, tenemos que irnos antes de que esta gente se despierte –Mariam señala con un gesto a los leñadores- A ver si hay suerte y Samuel y la otra loca se han despertado ya y nos cuentan lo que descubrieron ayer.
No paso por alto que la diosa del sueño no me ha felicitado por mi nuevo logro, pero no comento nada. Mientras Álex y ella me ayudan a caminar, me viene a la mente que quizás esté celosa de lo potente que soy, pero rechazo esa idea. Mariam no es la típica persona que se molesta en tener celos de los demás, sino que se esfuerza en alcanzarlos. Es una de las cosas que más admiro de ella.
-     Ese pensamiento ha sonado muy Hirsizlar –me regaña Isaac, que me ha vuelto a leer la mente-. No me gusta que pienses que eres superior.
-     Jo, Isaac, no me regañes, que me duele la cabeza. No pienso que sea superior, supongo que simplemente me ha impactado la cantidad de cosas que he creado con mis poderes… Pero Mariam es mejor que yo en mucha cosas. Pelea bien a puñetazos, no acaba moribunda cada vez que usa su poder… Tú tranquilo, que no me convertiré en Hirsizlar.
Antes de que el chico me conteste, llegamos a la valla del jardín. Junto a ella está Samuel, que grita emocionado:
-     ¡¡Sabemos dónde está!! ¡¡Hay que ir a buscarla!!

--------Nota de Sofía-------
Un capítulo igual de maravilloso que siempre, ¿verdad? Aunque quizás sea un poco corto... Podría haberle añadido más rollo en las descripciones, pero eso resulta muy aburrido para los lectores, al menos para mí.
Seguimos sin dibujos, a ver si nuestra queridísima Andrea se acuerda de traerlos al instituto --.--"
Que yo recuerde, no tengo más cosas que deciros, aunque seguramente me estoy olvidando de algo, como siempre.
Pasad una buena semana ^^

sábado, 14 de abril de 2012

Capítulo 32


-     Andrea, Andrea, Andrea, Andrea… -oigo a mi lado decir a Mariam como si fuese un disco rayado. Tengo mucho sueño y no le hago caso.
-     Déjala, está muy cansada, ayer nos acostamos muy tarde –le dice Luz
-     Sí, tú lo has dicho, NOS. Y míranos a nosotras, que energía tenemos. Tú, Isaac, si estás ahí, dile algo.
Isaac empieza a insistir también en que debo levantarme, así que me doy por vencida y me levanto. Al abrir los ojos me encuentro a Mariam haciendo flexiones y a Luz abriendo las ventanas, mientras que Isaac parece igual de cansado que yo.
Aún no entra mucha luz por la ventana, y eso que ya amanece temprano. Deben ser las seis o las seis y media de la mañana, no me explico cómo pueden tener tanta energía.
-     ¡¡Venga, no te quedes ahí parada!! Dúchate, cámbiate el vestido y vamos a desayunar.
-     Ay, Mariam, no chilles, que me duele la cabeza.
Me levanto, cojo mi otro vestido, que ayer lavó la madre de Luz, y voy al cuarto de baño. Tengo una pinta horrible. El pelo completamente revuelto, mi ropa tiene una mancha de salsa y la parte de debajo de mis ojos es de un azul enfermizo.
Abro el grifo y lo pongo en agua caliente para despejarme un poco. Para llevar tanto tiempo abandonada, Casa Cronos tiene un sistema de aguas bastante bueno. En mi casa, si querías ducharte con agua del grifo, tenía que ser fría. En invierno calentábamos cubos de agua. No podíamos permitirnos nada mejor.
Cuando termino con mi ducha caliente ya tengo mejor cara. Las ojeras no han desaparecido del todo, pero ya no tengo pinta de estar muriéndome.
Estrujo mi pelo hasta que queda más o menos seco y lo recojo en una coleta. Ahora, con el pelo ordenado y un vestido limpio, puedo ir por la vida sin que me den limosna.
Salgo del baño y bajo al comedor, tal y como me ordenó Mariam. Allí están todos excepto Samuel y Stefania. Álex, con su típica energía, charla con Isaac y Martina sobre el color de los ojos de Kira, que les mira como si les entendiese.
-     Os lo digo yo, que soy la dueña, son azules verdosos –interviene Mariam.
-     Que no, que son completamente verdes. Martina me apoya, ¿verdad, hermanita?
-     ¿Yo? ¡No te aproveches de que no me oye, Álex! Los ojos de Kira son marrones verdosos.
-     ¿Ves normal que lleven un cuarto de hora peleándose por el color de los ojos de la gata? –me pregunta Luz mientras me ofrece una tostada con mantequilla.
Yo me río, pero no contesto. Mordisqueo la tostada nerviosamente mientras recuerdo la otra vez que intentaron entrenarme. Acabé peleándome con Mariam, desmayada y llenando antinaturalmente de flores un campo. Qué ataque tan terrorífico, ji ji.
Luz, viendo que nadie le hace caso y que la pelea por los ojos de la gata es cada vez más agresiva (Mariam le ha tirado un trozo de pan a Álex), interrumpe la conversación.
-     ¿Qué pasa con Samuel y Stefania? ¿No van a ayudarnos a entrenar a Andrea?
-     Se acostaron a las cuatro de la mañana, mi hermano dejó una nota. Es mejor que duerman un poco más y después nos cuenten si descubrieron algo. Les mataremos a base de preguntas –sonríe.
-     ¿Y cómo pensáis entrenarla esta vez? –pregunta Isaac a Álex- Me preocupa que acabe otra vez desmayándose. Además, el truco de provocarla no volverá a servir.
Álex hace un breve resumen de lo que ha dicho el chico fantasma, Mariam se queda pensativa.
-     Pues voy a intentar llevarla a un lugar en el que están cortando árboles. Quizás eso la provoque y regenere unos cuantos.
Todos asienten como si les pareciese sorprendente que ese plan se le haya ocurrido a Mariam. Es una idea bastante buena, pero a mí no me gusta ver cómo talan los árboles, me resulta muy triste. Aun así, nunca he lanzado rayos por los ojos cuando han talado alguna de las choperas del pueblo.
-     ¿No será algo demasiado brusco? Ya sabéis que es muy sensible, a ver si va a explotar otra vez y va a convertir a los tipos de la madera en cactus –Álex repite las palabras del chico fantasma.
-     No hace falta que te pongas en plan novio protector, Isaac. Ella es la primera que dice que quiere pelear con los Hirsizlar, y no conseguirá nada siendo tan sensible.
Voy a replicar por lo de “novio protector”, pero no me dejan. Ya han acabado todos de desayunar y empiezan a hacer ruido con los platos, llevándolos al fregadero. Termino mi tostada rápidamente y ayudo a fregar.
-     Hala, vámonos, que tenemos un rato de camino.
Al contrario que en mi otro entrenamiento, Mariam decide que es mejor que vayamos todos juntos.
Luz y Martina van canturreando algo de un gato que intentaba meterse en un zapato, lo que da un aire feliz al grupo. El resto, en cambio, parece que vamos a que nos ahorquen. La diosa del sueño va a la cabeza, muy seria, murmurando algo de que no sabe cómo entretener a los trabajadores de la zona a la que vamos. Álex, Isaac y yo vamos detrás, completamente silenciosos, e incluso el primero parece preocupado.
No entiendo a qué viene tanto silencio, pero el estado de ánimo del grupo es bastante contagioso. Para no ponerme aún más nerviosa, empiezo a hablar mentalmente con el chico fantasma:
-     Oye, Isaac, ¿qué pasa? ¿Por qué están todos tan callados? Menos las pequeñas, el resto…
-     Álex me explicó antes que Mariam está bastante emocionada. Dice que, en cuanto aprendas a usar tus poderes nos iremos todos de aquí para buscar a las otras personas que aparecían en el cuento. El chico está preocupado porque piensa que no estamos preparados para enfrentarnos a los Hirsizlar por nuestra cuenta…
No puede terminar de explicarme, porque llegamos al lugar en el que va a comenzar mi entrenamiento y Mariam nos pide que nos escondamos. Sigue avanzando ella sola hasta el lugar en el que se está produciendo la tala de árboles y, según nos dijo antes que haría, está durmiendo a todos los trabajadores. Vuelve al poco rato.
-     ¡Que dé comienzo el segundo entrenamiento de Andrea! –grita y por su tono entusiasmado me doy cuenta de que, aprenda o no a usar mis poderes, nos hará irnos de Casa Cronos pronto. 

-----Nota de Sofía-------
Disculpad! Ayer no pude subir el capítulo porque tuve problemas con el internet. Supongo que fue a causa de la tormenta, no dejó de caerse en toda la tarde. Lo iba a subir hoy más temprano, pero me quedé dormida... se está tan a gustito en la cama...
Y vuelvo a pedir perdón por los dibujos. El del martes se nos olvidó a las dos y aún no lo tengo, y con el de hoy no nos poníamos de acuerdo. A ver si nos centramos un poco, que las vacaciones nos han sentado fatal.
Perdón! Pasad un buen fin de semana